miércoles, marzo 23, 2011

A 35 años del golpe militar


Quizás porque tenía 11 años, no puedo recordar qué pasó el 24 de marzo de 1976, día que marcaría un antes y un después para la vida de los argentinos… y para la vida de algunas guías y scouts del grupo San Pío X (La pequeña obra) y del grupo San Jorge (Parroquia Ntra Sra del Carmen), comunidades que compartíamos el mismo sacedote
Puedo recordar el antes del 24 de marzo de 1976. Es así que viene a mi memoria la multitudinaria marcha por la supuesta llegada de Hector Cámpora a Bahía Blanca en el marco de su proceso electoral… iba a estar la cancha de futbol del Club Villa Mitre, y con 7 años participe de la enorme marcha, sintiendo ese clima de alegría porque decían que Perón volvería al poder… todavía resuenan los canticos y las voces de los jóvenes que marchaban. Recuerdo haber visto la masacre de Ezeiza por TV blanco y negro, la preocupación de mis padres por lo sucedido, la vuelta de Perón, su Tercer Gobierno, su muerte, nuestras lagrimas…
Con mucho cariño vienen a mi memoria el transitar por las calles de tierra en dirección a la parroquia del Carmen para hacer catecismo con el “Padre Pepe” y la hermana Plácida -Muchos decían que el cura era comunista, "tecermundista" … yo no sabía de qué se trataría eso, pero no debería ser tan malo ya que Pepe Zamorano era un cura muy querido que había hecho la parroquia con la gente del Club del barrio, que ayudaba a los pobres y que daba lugar a los niños y jóvenes en los distintos movimientos… fue así que cuando fui a inscribirme para el segundo año de catecismo y me invito a ser scout, y acepté.
Esos primeros días en el grupo, allá por 1975, fueron muy raros. Quien era Jefe de grupo (con 18 años), Alejandro Cantaro se despedía porque iba a estudiar a Mar del Plata, dejando “la tropa” al cargo del Rafa... en ese tiempo muchos se iban, en el grupo guía, todavía recuerdo la cara de María Clara Ciocchini que había venido a despedirse de sus amigas guías, pasaron muchos años para que caiga en la cuenta de que esa chica de rostro sonriente había sido una de las víctimas de la tristemente recordada “noche de los lápices”
Habían cosas que si bien uno era chico se escuchaban, y era eso de que la gente tenia que irse, que corrían peligro, que había que hablar con cuidado. Una mañana de abril desde mi casa sentí una gran explosión; habían querido matar al padre Pepe Zamorano ; una bomba incendiaria habia estallado en su casa. Recuerdo que fui a ver que había pasado y encontre la casa toda quemada, aunque a todos llamaba la atención la cruz de madera pegada a la pared de la sala de espera que no había sido alcanzada por las llamas… algunos hablaban de un milagro y de la santidad del padre Pepe.
También recuerdo cuando Néstor Navarro asumió como párroco… mucha gente venia a verlo, incluso en la homilía había personas con trajes y lentes oscuros que al terminar el sermón se retiraban. Me acuerdo de la tristeza de Patricia y del cómo se cuidaba hablar de su esposo que estaba “desaparecido”; con el tiempo me enteré que muchas de las personas de la parroquia eran algo así como refugiados de una Iglesia mas grande que no los contenía, y que de la misma manera que había parientes y amigos de desaparecidos, había militares infiltrados buscando información… Muchos años mas tarde, Néstor Navarro en los “juicios por la verdad” daría luz sobre eso que por ahí estaba oculto para quienes eramos niños y púberes... aunque les aseguro, no éramos tontos
Recuerdo que con los scouts queríamos hacer servicios, ayudar a los mas pobres (¡como si nosotros mismos no fuéramos pobres!) y nuestros dirigentes del grupo scout y del grupo juvenil no nos dejaban… nos enojábamos mucho porque no coincidía con las enseñanzas del evangelio que recibíamos ¡cómo ellos que habían sido dirigentes obreros, de los centros de estudiantes de la UNS, de las gloriosas JOC JEC y JUC no nos dejaban hace cosas!... Algunos años después nos enteramos que tanto ellos como Néstor nos estaban protegiendo… habían desaparecido algunos chicos de la parroquia y de la pequeña obra y con eso no jugaban… aun así comenzados los 80 nos empezamos a vincular con Acción Popular Ecuménica, partidos políticos que aparecían, refundábamos centros de estudiantes y participábamos en la naciente Asamblea Permanente por los Derechos Humanos
Desde el 24 de marzo de 1976 en adelante deje de escuchar la alegría de los cantos juveniles… casi no supe nada mas de lo que había pasado con quienes se marcharon, se hablaba en voz baja de quienes eran secuestrados en un lugar para aparecer muertos en otras ciudades en supuestos enfrentamientos…
El 24 de mazo de 1976 se oscureció la palabra y comenzó a reinar la muerte… en el silencio de cada día, Por las noches escuchábamos tiros, explosiones, ruido de camiones con soldados, (en Bahia Blanca funcionaba el V cuerpo de ejercito, la Base Naval Puerto Belgrano, la Base Aeonaval Comandante Espora, la policia Fedeal y la Procincial... y la AAA caracterizada en una camioneta que la poblacion habia apodado "la fiambrera") Nosotros sábado a sábado seguíamos sobreviviendo, aunque éramos pibes ya sabíamos que mas adelante seguiríamos la senda marcada por aquellos que nos habían precedido y formado… y así fue… porque si el silencio es la muerte, la palabra es la vida que triunfa sobre ella.
A 35 años es bueno recordar a quienes nunca el escultismo y el guidismo de Bahía Blanca brindó un homenaje
Horacio russin (Alondra Noble) Pequeña Obra Bahia Blanca 10/2/1976

Eduardo Ricci (Tigre Pensador) Pequeña Obra Bahia Blanca 3/30/1977

Elizabeth Frers Pequeña Obra Bahia Blanca 4/21/1977

Maria Clara Cioccini la pequeña obra – ntra sra del Carmen bahia blanca 9/16/1976

Alberto Paira San Jorge Bahia Blanca 4/26/1977

Buho Terco
En el siguiente video encontamos un breve relato de la historia de esa época, narrada por algunos de sus protagonistas miembros de la comunidad Guia Scout de "La Pequeña Obra". Tambien podemos ver y escuchar al Padre "Pepe".



http://www.revistaumpa.com.ar/

miércoles, marzo 02, 2011

Escultismo y aventura - tercera parte - Buho Terco




La aventura y el arte
Teniendo en cuenta definiciones anteriores decimos que la aventura es una forma de experiencia donde sentimos plenamente la vida y difícilmente podamos avanzar en su entendimiento sin considerar las dimensiones éticas y estéticas que se ponen en juego. Lo estético no es sólo cuestión de imagen; un contemporáneo de Simmel - Sigmund Freud – opinaba que “a la estética no se la circunscribe a lo bello, sino que se designa como doctrina de las cualidades de nuestro sentir”[1], por ello cada vez que recordamos algún suceso aventuroso de nuestra vida nos viene a la memoria una constelación de sentimientos, palabras e imágenes articuladas. No existe apreciación estética por fuera del lenguaje, por ello la construcción de la constelación de la aventura se hace entre el muro del lenguaje y el de la imagen, fuera de ellos encontramos aquello que es imposible de simbolizar y que se denomina real (que no es la realidad, porque esta implica simbolización)
De la misma manera que un cuadro tiene un marco que lo circunscribe[2] y un lienzo donde se pinta la obra, en la articulación ética - estética se conforma un marco simbólico que opera circunscribiendo los acontecimientos y que permitirá ordenar y localizar la experiencia. El lanzarse a la pura contingencia no es aventura ya que no se juega con lo serio. En lo aventuroso el sujeto se dirige a lo contingente con determinados recursos simbólicos – imaginarios que permitirán a partir de las identificaciones y conocimientos adquiridos ir construyendo respuestas ante los distintos sucesos. Si este marco no existiese el sujeto no podría orientarse y responder anticipadamente. Recordemos que lo aventuroso es vivido en cierta ensoñación que es mas profunda cuando más se aleja de lo cotidiano; si el marco simbólico es el del “hombre de los bosques” el sujeto lo vivirá como “hombre de los bosques”, identificación imaginaria (del Yo) en la que se articularán normas, valores y conocimientos que orientarán al sujeto durante el desarrollo de la aventura y ante la emergencia de lo novedoso. En una situación de riesgo psíquico o físico, comprobar que no se posee la destreza que se suponía desencadena la angustia o la vivencia de terror que al inhibir al sujeto suele producir desenlaces trágicos. Si en la ensoñación el Yo se duplica viéndose el sujeto como protagonista de una especie de película donde dispondría de los recursos para hacer frente a lo inesperado se hace necesaria la planificación del aventurero profesional para disminuir la posibilidad de riesgo vital o traumático en quienes deciden vivir la aventura. Cuando esto no ocurre aumenta exponencialmente todo tipo de riesgos psíquicos y físicos con la posibilidad de que el sueño rápidamente se convierta en pesadilla... tengamos en cuenta que las “historias reales” de los aventureros suelen construirse en función de quienes tuvieron buenas experiencias vitales, ocultándose las historias donde la tragedia y la muerte son el desenlace final, ya que esto no constituye una aventura.
Como en nuestra época vivimos en un mundo que exalta lo imaginario por sobre las posibilidades del sujeto; debemos ser muy cuidadosos por el engaño que implican las propagandas que incitan a la aventura, ofreciendo como mediadores diferentes objetos de consumo que van desde el alcohol hasta las zapatillas… El guión publicitario ofrece cosas para que el sujeto se identifique con determinada comunidad de estilo y de esta manera solucione imaginariamente las dificultades en torno a lo real de la sexualidad y la muerte. También debemos ser cuidadosos con las practicas educativas que se constituyen como un delirio teórico compartido suponiendo que a) Simplemente con contar con los elementos el sujeto es capaz de solucionar el problema, por lo que no es necesario alguien que ocupe un lugar de saber para transmitir los conocimientos adquiridos por siglos de transmisión cultural b) Las pedagogías que critican la repetición de la técnica y que la confunden con un objetivo “procedimental” que no necesita ser “ejercitado”.
Nuestro “mundo pantalla” en los niños y adolescentes provoca sensaciones que pueden llevar a situaciones de altísimo riesgo; ser campeón del “need for speed” no me da experiencia de manejo de vehiculos, de la misma manera que fumar determinado cigarrillo que vi en la TV no me habilita para correr picadas en la ruta – aunque lamentablemente algunos lo hacen - Para manejar un auto con destreza deben suceder otras cosas, y es sobre ellas que debe tener efecto el marco simbólico de la aventura que se propone. En la articulación ética y estética las imágenes pueden simbolizarse y las palabras pueden imaginarizarse en el guión de la aventura y en cada una de las expresiones que conformarán su vivencia. Es muy importante que quien se encuentre en el lugar del aventurero profesional sea capaz de transitar por el “cuadro” despertando el entusiasmo de los aventureros. Recuerdo que en ocasión den realizar una excursión con scouts, mientras caminábamos por el cauce de un río en un momento me di vuelta noté en los rostros de los niños un goce que los atravesaba a cada uno de distinta manera (la fantasía de cada uno resonaba en la fantasía grupal); ellos no sabían que el día anterior habíamos recorrido de lado a lado y a lo largo los 500 metros por los que transitábamos verificando la seguridad del lugar por lo que la vivencia de incertidumbre (la de ellos porque nosotros conocíamos la ausencia de riesgos) le otorgaba un condimento especial a una actividad en la que en cualquier momento podría suceder cualquier cosa. Quien ocupa el lugar del aventurero profesional es el responsable de que la aventura pueda ser vivida y por medio de las opciones estéticas que elije – como en este caso-, permitir que un grupo de chicos pueda tener una vivencia de “alto voltaje” sin que exista riesgo para ellos… este manejo de los aspectos imaginarios de la aventura permite la articulación de sentimientos, palabras e imágenes en un relato que en parte será construido y compartido por todos y que en parte será patrimonio singular intransmisible de cada participante.
Es interesante plantearnos que la experiencia de la aventura dentro de su Marco Simbólico posibilita en muchas oportunidades distintos tipos de experiencias que se relacionan entre si: sublimes, de beatitud y místicas. En las experiencias sublimes el sujeto se encuentra con una disposición particular del espíritu en la que cierta representación placentera (aquello que enmarcado en el cuadro) ocupa su facultad reflexiva, por ello Simmel afirma que la aventura sucede en un “no pensar” lo que implica un rebajamiento de la conciencia que permite la ensoñación; lo sublime se encuentra del lado de la contemplación por lo que el sujeto depone la mirada ante la experiencia para dejarse atravesar por ella, provocándole en algunas ocasiones el sentimiento de beatitud o de felicidad plena que para los antiguos griegos era señal de sabiduría. Finalmente la aventura puede provocar que el sujeto se encuentre con una experiencia mística que en el primer texto de la revista (Apuntad Alto! “Volver a BP”) definimos de la siguiente manera: “aquellas experiencias simbólicas, indecibles, que permiten que la individualidad se subsuma en una vivencia de Unidad con Dios o con los Ideales que sustentan el Ser; que sumergen a la persona en un “alto voltaje” produciendo un crecimiento por Identificación al amparo de los Ideales”.
Vladimir Jankelevitch afirma que “las aventuras de los demás o las mias, en tanto que me han convertido en otro o en una tercera persona ante mi mismo tienen por definición un carácter estético”, quizás por ello pasan a formar parte del patrimonio de los relatos de las personas, grupos y comunidades.

[1] Sigmund Freud, “Lo ominoso”, AE XVII
[2] Horacio Wild. Revista Conceptual Nro. 8 - Estudios de Psicoanálisis. Articulo “El ícono, una palabra para el ojo”