sábado, septiembre 19, 2015

Discapacidad. Un punto de partida para modificar las políticas asociativas


La discapacidad a partir de los cambios en el derecho internacional


              Como seguramente los lectores sabrán, desde hace mucho tiempo la OMMS y la ONU trabajan en proyectos conjuntos, ya que sus objetivos son contribuir a la paz, al desarrollo, la promoción de los derechos humanos y la educación de los jóvenes. Es desde alli que con este escrito pretendo dar comienzo a un debate en "Apuntad Alto!" para repensar el posicionamiento que los Scouts tenemos respecto del tema de la discapacidad, dado los cambios producidos a nivel mundial y especialmente en nuestro pais donde la ampliación de derechos nos invita a definir y superar las barreras que los scouts tenemos para que niños y jóvenes con discapacidad puedan desarrollarse en la práctica del escultismo. El presente escrito es  extracto de una conferencia dictada a la comunidad en 2014 en el marco de un aniversario de un Centro de Día que trabaja trastornos graves de la subjetividad (autismo, Parálisis Cerebral, Trisomía, etc) en el que realizo tareas de supervisión y diseño del abordaje en talleres. Apunta a cómo pensar los derechos de la discapacidad para abrir nuevas puertas y repensar nuestras prácticas. Los conceptos son vigentes para comenzar a pensar en la posibilidad de un escultismo inclusivo.

Un más allá del derecho que apunta a la vida.

            Cuando hablamos de discapacidad uno de las primeras cosas que nos vienen a la mente es la idea de dignidad humana. Este término es usado para aislar una serie de características de los seres humanos que sirven para expresar su singularidad, y a partir de ello el desarrollo de una serie de derechos que sirven como herramientas para protegerlo, entonces, la dignidad humana es tanto la base en la que se asientan los derechos como aquello que se debe proteger y es muy poco probable que alguien esté en desacuerdo con ello.

            No sucede lo mismo al momento de definir qué es la “dignidad humana”, porque nos encontramos con una construcción que parte de ideales éticos y estéticos. El concepto se construyó entre el siglo XVII y la revolución francesa caracterizándose lo humano por la creencia de que es digno quien tiene capacidad para decidir y puede desarrollar un rol social, lo que se traslada a la teoría del derecho y a la idea de Persona como aquel sujeto con capacidad y que puede cumplir un rol social útil. La teoría de los Derechos Humanos se ha basado en un modelo de individuo caracterizado, principalmente, por su “capacidad” para sentir y su “capacidad” para comunicarse, entendiéndose como logro de la potencialidad de la persona el acceso a la posibilidad de construcción de un proyecto de vida entendiendo que de esto, se trata la felicidad.     Los derechos se presentarán como aquello que pretende garantizar el desarrollo de las potencialidades de cada individuo siempre y cuando se entienda que la “capacidad” es un rasgo distintivo de la “dignidad” y de acuerdo a las características de los ideales del siglo XIX  un proyecto de vida inequívocamente nos lleva al “rol social”
            Con posterioridad al establecimiento de un Ideal que dictaminó qué es necesario para hablar de dignidad humana y con ello para poder ser persona (los niños y los llamados enfermos no son considerados personas plenas) la teoría del derecho que se ocupa de las poblaciones en general se desarrolló y hablará de “poblaciones y grupos específicos” produciéndose la ampliación de derechos para quienes no eran considerados en un primer momento. La medicina utilizará  la idea de individuo para definir qué es lo normal y qué lo patológico, y a partir de allí llamará “rehabilitación” al desarrollo de las herramientas para que el sujeto se desarrolle como “útil” para la “sociedad” quedando atada la dignidad humana a estos modelos que poco lugar dejan a lo diverso, planteándose la “adaptación” como la estrategia para hacer “más parecidos a la sociedad” a quienes son por definición distintos y tienen necesidades distintas, lo que entre otras cosas pasa a golpear duramente a las familias de los “no - iguales” por la falta de adecuación de alguno de sus miembros a lo que se denominará “normalidad”.

            En nuestra época ha quedado más que claro que la cuestión de los derechos respecto de la discapacidad no parte de que una población específica se adapte a un determinado Ideal de Persona, sino que se trata de cómo la sociedad se adecúa a las diferentes modalidades subjetivas con que los humanos estamos en el mundo, porque el valor base del que parten todos los derechos es el de la vida, y la dignidad humana se tratará no de la idea del hombre liberal cuyo paradigma es el ciudadano, sino  de las distintas formas que cada uno de los sujetos utilizará para desarrollar sus propias potencialidades y a su manera ser feliz, desarticulándose el fin útil de la felicidad. Esto nos lleva al segundo más allá.

Un más allá de la clasificación médica que apunta a lo singular

            Al retomar cuál es el sentido y la base de los Derechos el Comité de Discapacidad de la ONU deja más que claro ya en sus primeros artículos que cuando hablamos de Discapacidad no hacemos referencia al modelo médico y que éste deja de ser el principal referente para ocupar el lugar que corresponde, el de auxiliar, dándole un rol principal a la sociedad en tanto es ésta la que discrimina a quienes son distinto. Se trata pues de la noción de barreras que impiden interactuar socialmente sobre las que hay que trabajar en las dos direcciones, partiendo de la base del respeto del modo en que cada uno de los sujetos está en el mundo y apuntando al desarrollo de las potencialidades de ese sujeto singular… de allí la aparición del término INCLUSIÓN, pero para ello debemos tener claro el cómo se produce la EXCLUSIÓN.

            “Ama a tu prójimo como a ti mismo” dice el mandato Evangélico y la sociedad moderna lo ha interpretado literalmente… El Psicoanalista Jacques Lacan afirma que el “como a ti mismo” y “a tu imagen y semejanza” nos lleva en definitiva a un amor narcisista, desarticulado a la verdad, singularidad y diferencia del otro: amo lo semejante, lo demás o me es indiferente, o lo excluyo y rechazo y esta es la base de cualquier tipo de discriminación; de allí que el acento que pone la ONU respecto de la discapacidad sea en la sociedad que discrimina negativamente en función de un Ideal, que aplasta pretendiendo homogeneidad. Un filósofo actual llamado Gianni Vattimo afirma que en nuestra época el Amor no puede ser entendido sin la Caridad que no va en un solo sentido, ya que se trata de reconocer y alojar lo que el otro no es para mí y de lo que yo no soy para el otro… esto es ir más allá de ese amor a lo semejante, amor verdadero en tanto es capaz de cobijar aquello que el otro no es, lo que no entiendo, lo que rechazo, lo distinto a mí.

Es necesario partir desde allí para poder construir un lugar donde estar juntos.

Es necesario suponer un sujeto y una subjetividad aunque no la entienda, esto es en la actualidad reconocer al otro en su dignidad humana.

Siendo el proceso de subjetivación diferente en cada uno y en el caso de algunas discapacidades dificultoso, la nueva concepción que se desprende de la Convención de los Derechos de las personas con Discapacidad (ONU) apunta justamente a rescatar lo singular, aquello que es propio, no para aplastarlo y homogeneizarlo sino para darle lugar y desde allí construir un mundo donde la diferencia sea incluida, donde se parta de ella para establecer las estrategias para que un sujeto pueda ser feliz en la medida de sus posibilidades desarticulando la idea de felicidad con la de utilidad social basado en la idea del trabajador feliz ¿o acaso las personas son felices a partir de su rol?. La felicidad tiene Muy pocos podrían afirmar algo así! ya que la felicidad tiene que ver con otras cosas. 

            No es lo mismo sociedad que comunidad. Cuando nos referimos a la sociedad hablamos del conjunto de reglas y normas que rigen nuestras interacciones humanas, compartidas por una cultura particular. Para referirnos a la Comunidad es interesante hacer referencia al origen del término. En primer lugar tenemos el cum que define lo común, aquello que de por sí no es propio porque es de todos, y el munus la deuda simbólica, el don; que permite los intercambios superponiéndose el don y el deber. La comunidad definirá tanto lo común como el deber que se tiene con el otro en tanto miembro de la misma, esto implica el poder alojar justamente aquello que no es común, lo propio, lo distinto, lo diverso. En la comunidad no se renuncia a la diferencia sino que se la aporta, siendo la relación amistosa aquello que permite superar la rivalidad.

            La Comunidad incluso tiene el don y el deber de alojar a aquellos que por su singularidad no pueden entrar dentro de lo común pero aun así son miembros de la misma en tanto surgen de ella. Si pensamos desde lo “social” podríamos decir que existen las asociaciones civiles que se ocupan, por ejemplo, de la discapacidad ¡alguien los atiende por nosotros!… pero desde la perspectiva comunitaria el don y el deber no son transferibles. No alcanza con que haya gente de buena voluntad que se ocupe, o empleados que trabajen y cobren un salario por ocuparse ya que el don y el deber de alojar al otro en su diferencia es indelegable porque sólo se forma parte de una comunidad cuando se es incluido y no solo tratado por determinada enfermedad o discapacidad.

                Las Asociaciones Scouts debieran repreguntarse sobre el tema de la inclusión de las diferencias, teniendo en claro cuáles son sus límites, en qué casos es posible la inclusión que siempre será incompleta en tanto la posibilidad de grupos que puedan realizarla y por las limitaciones propias de quienes pueden ser incluidos. Siempre existe la alternativa de crear modalidades de escultismo para quienes por su dificultad de lazo se les hace necesario un modo de abordaje particular con relación a un método donde el problema no es la progresión (ya que al menos en Scouts de Argentina se define como personalísima de cada miembro) sino el grado de asistencia de quienes participen de las actividades.


                Los invito a colaborar y a seguir pensando el tema.